CONGREGACIÓN HERMANAS DEL NIÑO JESÚS

Dar Gloria a Dios y Paz a los Hombres


Ana María Martel
Ana María Martel
Fundadora

Presencia de Amor al Padre y a los Hermanos


¿Quiénes son?

Mujeres consagradas.
Viven a partir de la Eucaristía una vida comunitaria:

* de Oración.

* de Entrega Apostólica.

* de Tareas Domésticas.

* de recreación.

En la que ponen en común lo que son y tienen con un estilo de vida sencillo.
Quienes somos

Su Espiritualidad

En el seguimiento a su fundadora Ana María Martel, viven una espiritualidad de Encarnación, dejan que Jesús continúe a través de cada una de ellas el anuncio de la Buena Noticia a todos los hombres, especialmente a los más pobres.


Espiritualidad

Su Misión

Dar Gloria a Dios y Paz a los Hombres.

Están al servicio de los hermanos para ayudarles a profundizar su fe en el amor de Dios para Nosotros.
Esta misión la viven en la pastoral, la catequesis, la educación, la salud, la promoción humana y social.

Tienen presencia en:

Canadá, Costa de Marfil, Bélgica, Chile,

Vietnam, Francia, Ecuador, Argentina



Ana María Martel
Hija Amada de Dios

Nació  el 11 de Agosto de 1644, en la ciudad de Le Puy, en Francia.    Su padre fue Claudio Martel, abogado procurador del Rey Luis XIV y su madre la Sra. María Cayes.

Fue bautizada el 13 de Agosto de 1644, en la Parroquia San Jorge.

Hizo su primera comunión en la Parroquia San Jorge a la edad de 10 años.

 

 

 

Ana María Martel era una joven alta, delgada, con mucha gracia y hermosura. Tenía virtudes

y todas ellas se reflejaban en su rostro.  Cualquiera quedaba sorprendido al observar en ella una inocencia de niña y una profunda dulzura. Hablaba con candor e ingenuidad despertando así mucha ternura. Sería difícil hallar una joven tan sencilla y prudente en su forma de ser: su presencia, su mirada, sus palabras, sus acciones y todos sus gestos eran naturales y profundos. El Señor que habitaba en ella era la fuente interior de la que fluían todas sus acciones: Tenía la mirada dulce y bondadosa, la frente serena y rostro gozoso y tranquilo no habiendo en él nada severo ni desagradable.

          Su lenguaje era sencillo y adecuado a aquellos con quienes hablaba, no hablaba mucho ni demasiado poco, dando oportunidad a otros para decir lo que quisieran sin interrumpirlos. Usaba muchas veces el lenguaje de los campesinos, era prudente en todas sus palabras, su intención era siempre agradar a Dios y ser útil a sus hermanos.

 

Ana María desde niña y como adolescente, invitaba al catecismo a sus compañeras y amigas, luego como joven se sintió fuertemente atraída a compartir lo que ella sabía de Dios y de la fe.

En la ciudad del Puy, en los alrededores, había un hospital de mujeres jóvenes. Su confesor y Director Espiritual, Padre Tronson,  encontró un gran número de pobres tan poco instruidas que no sabían ni siquiera los primeros deberes de la religión, ni los artículos de la fe indispensables para la salvación. Habiendo notado la gran necesidad y la carencia de personas capaces de acompañarlas, pensó un día en proponer a su dirigida que, tan a menudo como le fuera posible, visitara ese hospital para instruir a las jóvenes.  Hospital de L’Aiguille.

 Al año siguiente, comenzó a hacer catecismo a niños y jóvenes en la parroquia de San Lorenzo y San Juan.

 

Con la ayuda de sus amigas y compañeras: Catalina Félix, Gabriela Gire, María Desolieres e Isabel de Vourse, sigue su apostolado en los barrios, San Lorenzo, San Juan, encargándose de niños y vagabundos, preparando a los peregrinos, organiza a las jóvenes  puntilleras que trabajan en la confección de encaje, crea las Asambleas.

 

“La Señorita   Martel, que tenía tantas asambleas de jóvenes a quienes instruía en la ciudad, en los barrios y en las aldeas de los alrededores, pensó hacerles observar un reglamento diario:

-   tenían hora para levantarse y hacer sus prácticas de piedad y devoción,

- enseguida la oración de la mañana y luego media hora de meditación cuyo tema se sacaba de algún libro,

-  después iban a misa y el resto del día se repartía con equilibrio;

-  había horas de recreo, de silencio,

-  tiempo para cantar devotas canciones,

-  recitar el rosario en dos coros,

-  escuchar la lectura que una de ellas hacía.

 Todo estaba distribuido desde la mañana hasta la noche con mucha discreción.  Nada fue tan fácil como hacer reglamentos pero nada tan raro como verlos bien observados”.

Agrupó a algunas jóvenes, las animo a formarse, luego fueron a vivir a los campos en las Asambleas para acompañar a las personas y enseñarles la fe. A estas jóvenes se las llama Beatas

Luego se integraron otras jóvenes, las invita a vivir en comunidad para prepararse y luego formar a las beatas.

 

 

Ana María durante toda su vida estuvo unida a Dios por una fe viva, una firme esperanza y un gran amor que la lleva a vivir en total docilidad al Padre.

El carisma, es decir el don que recibió AMM consistió en estar atenta a cualquier situación humana que se presente para revelar a Dios y su amor, ayudar a las personas a sentirse felices cuando se descubren hijos de Dios

   A los pobres de la ciudad de Le Puy: hombres, mujeres, niños, obreros, campesinos, mendigos, peregrinos, cuya fe verdadera había caído en los siglos precedentes, trayendo consigo la miseria moral, Dios les regala su amor en la persona de Ana María Martel. 

  Hoy Dios sigue creando personas con ese mismo Don de AMM, están las religiosas Hermanas del Niño Jesús y también personas creadas con el mismo Don para vivirlo en un estado laical.

 

 

 

GRACIAS SEÑOR

 -Señor Jesús, por todos los que te dan sus manos haciendo el bien a sus hermanos... Te damos gracias

 -Señor Jesús, por todos los que como Ana María Martel entregan su vida para darnos a conocer tu rostro... Te damos gracias.

 -Señor Jesús; por cada hermana del Niño Jesús que te revela sencillamente, en la esperanza, la alegría y el amor... Te damos gracias.

 - Señor, Tú que nos diste a Ana María Martel como un testigo de tu amor... permite que seamos hoy continuadores de su misión ayudando a cada persona que encontremos a que sea ella misma y se reconozca como hijo – hija del para que juntos podamos decirte PADRE NUESTRO... 

 

 

FOTOGRAFÍAS DE LE PUY EN VELAY

 


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